Apuntes resumiendo el libro titulado "Aprender a hablar en público hoy" de Juan Antonio Vallejo Nágera de 1990
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CAPITULO
PRIMERO
¿PUEDO YO TAMBIÉN?
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Parte
de la inseguridad puede derivar de su timidez, pero el resto viene del lógico
temor de no ser capaz de realizarlo airosamente, y ese miedo tan desagradable
desaparece con la práctica.
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Nos
inculcan desde la niñez el pánico a hacer el ridículo y nos resulta difícil
liberarnos de este complejo.
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Hablar
en público se convierte en un vicio.
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Además
de ser hoy en día necesario hablar en público, resulta que una vez que se
aprende, y se pierde el miedo, se convierte en una especie de deporte, y en una
fuente de placer para el protagonista. El peligro está en que sólo lo sea para
él y no para el auditorio.
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LA
FACILIDAD DE PALABRA.
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Hablar
bien el público es una capacidad que se puede cultivar. Casi cualquier persona
con adiestramiento adecuado es capaz de hacer un buen papel en este terreno.
Por supuesto hay gentes que “nacen”.
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¿EXPRESARSE
BIEN EN PÚBLICO O SER UN GRAN ORADOR?
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Son
temas distintos,
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Hay
que dar una impresión favorable de su persona y hacer sugerentes sus ideas.
Cautivar y convencer.
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Buscamos
la oratoria eficaz no la “gran oratoria”.
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EL
“EXCESO DE FACULTADES”
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Disfrutar
de exceso de facultades puede resultar un estorbo para el triunfo en
determinada tarea.
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LOS
QUE HABLAN DEMASIADO.
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El
tímido admira y envidia al que es capaz de acaparar la atención ajena (…) es el
sueño de un tímido, el ideal de un apocado (…) a alguno de estos locuaces tan
envidiados, al tercer no le soporta nadie del grupo.
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El
que interesa imitar es el que también deslumbra, pero nunca agobia. Acapara la
atención cuando se lo solicitan. Y lo hace de un modo grato. No se impone a
destiempo.
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Existen
magníficos oradores de los que huimos como la peste.
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CAPITULO
II
EL PRINCIPIANTE ABSOLUTO.
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Es
lógico que un profesional de la elocuencia adquiera paulatinamente resortes,
pero es una majadería exigírselo al principiante.
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LA
REGLA DE ORO.
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La
regla de oro es la naturalidad. (…) al principio resulta lo más trabajoso.
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Sea
usted mismo, incluso con sus defectos. No pretenda representar ningún papel, no
finja: Sea usted mismo un poquito mejorado, pero manteniendo su identidad.
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Da
igual que sea portero de la oficina o un jeque árabe; si se dirige a usted con
sencillez, con naturalidad, si no finge nada, si no pretende nada, siempre
notará una inclinación de simpatía hacia esa persona.
En cambio, que difícil conseguir que
caiga bien un pedante o un afectado.
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Sea
usted mismo.
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Lo
esencial en una actuación pública es lograr el favor del auditorio, y
transmitirle nuestras ideas y sentimientos. Si además conseguimos su
admiración, mejor aún.
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SE
PUEDE HACER MAL… Y QUEDAR MUY BIEN.
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No
tema, puede hacerlo pésimamente desde un punto de vista técnico y sin embargo
arrebatar al auditorio.
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Hacerlo
mal y quedar bien “miren, yo no sé decir una palabra en público…, muchas
gracias”. Es una actuación que se suele acoger con simpatía.
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Hay
que ser un genio de la naturalidad. Con todos se porta de la misma forma, (…)
incluidos los defectos. Entre ellos los de pronunciación.
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Fama
es el reconocimiento de la excelencia de una persona en su profesión o arte.
Popularidad es la aceptación y aplauso que uno tiene en el pueblo.
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No
imite a otro. Es la regla de oro. (Luis Escobar).
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LA
SIMPATÍA.
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Pepe
Isbert.
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Se
pueden alcanzar resultados muy eficaces con limitación de medios. (…) si quiere
ahorrarse buena parte del adiestramiento de oficio del orador convencional; si
sólo tiene que hablar en público de vez en cuando, puede ser suficiente.
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La
gracia es un don muy complejo (…) la cualidad de caer en gracia, lo que en
Andalucía llaman “tener ángel”, es una irradiación de la personalidad en parte
regalo de la naturaleza, y que no depende de la voluntad.
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La
simpatía si se maneja en gran medida con la voluntad (…) ¡Hay que ser
simpático! (…) como mínimo a portarse de un modo amable.
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LA
AMABILIDAD.
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¿Cómo?
Portándose constantemente como si fuese simpático. Al cabo de poco tiempo
creará un hábito, será su modo espontáneo de respuesta, y comenzará a notar un
eco de simpatía en los demás, tanto en relación privada como en la pública.
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La
simpatía presupone capacidad de sintonización afectiva –contagiarse del estado
de ánimo de los demás- y poder de irradiación afectiva- teñir a los otros de
nuestros propios sentimientos.
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Si
se esmeran en mantener constantemente, ese tono amable, en pocas semanas
notarán que se van haciendo más y más simpáticos.
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Cuesta
el mismo trabajo ser simpático que ser antipático. Es mucho más rentable lo
primero. No tiene más que ventajas.
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Preocupación
por tener un aspecto agradable pero sin embargo no hacen el menor esfuerzo en
resultar agradables en el trato.
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Si
la vida privada no es amable, tampoco lo resultará en la pública.
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El
público tolera bien los defectos de torpeza oratoria, la timidez, los lapsus…
hay dos cosas que no perdona: La antipatía y el aburrimiento.
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No
sea ni hosco ni pesado.
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Ser
amable permanentemente.
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Debe
lograr que esta actitud forme una segunda naturaleza, que sea su reacción
espontanea. No le va a servir sólo para hacer mejor efecto en sus actuaciones
públicas, se va a quedar asombrado de cómo cambia el curso de su vida en un
sentido positivo. Encima va a estar mucho más contento, mejora su imagen
pública y, si es cristiano, cumple con un precepto fundamental de la religión.
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CAPITULO
III
TEMOR AL BLOQUEO.
CONSEJO FUNDAMENTAL: BREVEDAD.
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¿Y
SI ME BLOQUEO Y NO ME SALE UNA SOLA PALABRA?
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Se
escucharía un aplauso.
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¿Y
SI NO SE ME OCURRE NADA QUE DECIR?
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Los
oradores principiantes hablan en exceso
(…) no sea usted uno de ellos.
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EL
CONSEJO FUNDAMENTAL: SEA BREVE.
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El
consejo fundamental: Sea breve, muy breve.
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Sea
breve no significa hablar poco tiempo, significa no introducir en el discurso
frases innecesarias. Conviene, de todos modos, utilizar el menor tiempo
posible.
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El
tiempo convencional suele ser una hora.
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Sea
astuto, no ponga a jugar contra usted el cansancio del oyente.
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Al
público no se le castiga se le mima. (…) sea breve.
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De
modo especial cuide de no encandilar al público con la grata promesa de “voy a
terminar” sin cumplirla de inmediato.
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¿Se
ha fijado en lo que cuestan treinta segundos de publicidad en televisión y la
cantidad de cosas que se pueden decir durante ellos?
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Regla
de oro = Naturalidad.
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Consejo
fundamental = Extrema brevedad.
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Lo
que a usted mismo le produzca dudas sobre su oportunidad en el discurso, no lo incluya.
La eliminación facilita la brevedad y el interés del oyente.
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CAPITULO
IV.
PRESENCIA FÍSICA. ATUENDO. MEDIOS
AUXILIARES. ESTORBOS.
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PRESENCIA
FÍSICA.
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Si
sólo hablásemos cuando tenemos algo que decir, el uso del lenguaje
desaparecería en dos generaciones—Noel Clarasó.
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Para
realizar la “presencia” es importante el gesto. Debe hablar erguido, tanto si
está de pie como sentado.
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En
el asiento, ni se hunda en la silla ni se eche hacia delante en la mesa.
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En
general se recomienda una expresión afable, no poner “cara de enfado”, incluso
si se tiene que decir cosas desagradables (…) Conviene poner cara a tono con lo
que se dice, sin exagerar.
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La
sensación de monotonía y aburrimiento que induce un discurso sin variaciones de
tono, también surge al mantener todo el tiempo el mismo gesto.
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La
acertada “composición de la figura” debe actuar sobre el espectador de forma
subconsciente, no inducirle a hacer reflexiones sobre ella.
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ATUENDO.
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Es
de sentido común que hay que adaptarse a la conducta colectiva dentro del
estilo propio. Ese “estilo” si conviene que sea perceptible.
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Si
les damos una imagen física excepcional, inconscientemente estamparán la idea
de que sólo quedamos bien cuando lo preparamos, como una excepción no nos
conviene.
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ATUENDO
PARA UN VIDEO.
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Cuide
la imagen para salir en las cámaras.
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Para
televisión es preceptivo someterse al maquillaje, no puede negarse.
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LOS
ESTORBOS.
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No
hace falta resultar muy ingenioso, basta con salidas un tanto simples, pues el
público está también nervioso y ríe las bromas con facilidad.
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Hay
que hacer una pausa hasta que se apaguen por completo los murmullos, y sólo
entonces, con vuelta al tono de voz normal, se continúa la charla.
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UN
AMIGO-ENEMIGO: EL MICRÓFONO.
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Al
público se le mima, no se le castiga.
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La
megafonía es el mejor aliado o el peor enemigo del orador. No se apresure a
comenzar hasta que funcione bien y lo haya comprobado.
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No
(…) golpear el micrófono con la yema del dedo o las uñas.
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Lo
importante es que a usted le escuchen y le entiendan bien.
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El
decir “uno, uno, dos, uno, uno, lo encuentro ridículo para el orador.
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No
hacer chasquido de los dedos cerca del micro.
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Diga
por ejemplo “señores, disculpen, es una simple prueba de sonido antes de
comenzar. ¿Me oyen bien?”.
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Con
respecto a el zumbido puede deberse a la subida del volumen, a inducción de dos
de los micrófonos (sepárelo). Si continúa ponga en off todos menos el suyo.
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Si
sigue el pitido se debe renunciar al micrófono. Con menos de ochenta a sesenta
asistentes no hay grave problema.
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Antes
de comenzar a hablar hay que colocar el micrófono a la altura adecuada, un poco
más bajo que nuestra boca. (Ante los labios, nos tapa la cara).
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CAPITULO
V
LA FAMILIARIZACIÓN CON EL MICRÓFONO.
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Hay
un motivo de tipo psicológico: En la dificultad inicial existe un importante
factor de miedo. Puede designarlo como timidez, ansiedad en la relación social,
fobia a llamar la atención, bloqueo, etcétera.
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La
risa, el humor, tienen un importante papel en el dominio de la angustia.
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Cultive
reírse de sí mismo, pues es una forma estupenda de lograr que nos importe menos
que otros se rían de nosotros.
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Entre
los temores que le bloquean está el de hacer el ridículo. Una forma de vencer
el miedo es familiarizarse con lo que teme.
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El
ridículo lo va a hacer a solas, sin que nadie se entere, y utilizará
precisamente el micrófono.
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El
diálogo a solas con el magnetófono es un ejercicio fascinante.
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No
existe nada más difícil que hablar bien en voz alta encontrándose a solas.
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Debe
aprender a burlarse de si mismo, a tomar sus fracasos con sentido del humor. Es
muy buen ejercicio caricaturizar, exagerar hasta el disparate.
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El
entrenamiento tiene gracia como concesión narcisista, no exhibicionista.
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CAPITULO
VI
EJERCICIOS ANTE EL PRIMER ESPECTADOR.
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Ahora
el adiestramiento (…) lo hará ante un espejo. (Usted mismo será su primer
espectador), Y a partir de las primeras sesiones ya no leerá ni repetirá
fragmentos de otros, puede hacer intentos de elaborar el contenido de su
discurso.
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Busque
un espejo de mayor tamaño que le sea posible, y colóquese frente a él.
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Debe
analizar sus gestos y posturas. Fíjese en como mueve las manos y el cuerpo.
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Muchos
oradores conocidos, casi profesionales, no aprendieron a improvisar, y sueltan
el disco pase lo que pase… con mal resultado.
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Los
oradores principiantes tienden a correr. Acabar cuanto antes. No utilizan la
brevedad, que sería buena, sino la velocidad que es mala.
A la carrera es muy difícil
transmitir eficazmente un mensaje.
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Debemos
recordar que la comunicación con un auditorio no es sólo sonora, también
visual.
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Es
indispensable que el orador también los vea a ellos, tiene que mirarlos a la
cara, a los ojos, a todos los espectadores.
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Los
oradores que permanecen sin levantar la vista de las cuartillas o la dejan fija
en un punto no establecen buen contacto con el público. Interponen una barrera
de incomunicación.
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El
pasear la mirada por el auditorio, es cosa necesaria. (No en un espectador
solo).
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ENTRENAMIENTO
COLECTIVO.
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Hay
muchas personas que sufren antes de comenzar; se denomina “aprensión ansiosa” y
es un tormento.
Se hace una psicoterapia breve para
la disminución de la angustia de base. La relajación ayuda. Si continúan con el
nudo en el estómago les recetamos cualquier medicamento ansiolítico.
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Nunca
utilice el alcohol. Es un potente modificador del estado del ánimo y puede
emplearse para este fin, para pasarlo bien o por el placer gastronómico. Es
peligrosísimo usarlo como tranquilizante.
Lo hacen muchas personas: tímidos
para atreverse a ir a una reunión…
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De
los ansiolíticos elegimos entre los de acción rápida y que no provocan
somnolencia, ni restan capacidad intelectual. (…) La reacción a los
medicamentos que influyen el sistema nervioso tienen insospechadas variaciones
individuales.
(…) Le da sueño o lo embota sólo
comprobado que le sienta bien, que le aligera de la ansiedad y no le resta
agilidad física y mental, se puede ayudar con la medicación el día de la
actuación.
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Lo
mejor es entrenarse ante un auditorio.
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Al
principiante le tranquiliza llevar escrito el discurso. Es lógico, tiene miedo
de que se le quede la mente en blanco. Disponer del texto escrito antes los
ojos es una tabla de salvación pero –siempre hay un pero - es más difícil leer bien ante espectadores
que hablar en público.
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El
principal peligro, que se quede todo el tiempo con los ojos fijos en la página
y no mire al público.
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Si
lo aprende de memoria estarás pendiente de tu memoria, se olvidará de los
espectadores (…) tendrá el mismo distanciamiento del público que si usa las
cuartillas.
A)
El
ideal es mirar alternativamente los papeles y las caras de los espectadores.
Tenga subrayada cada idea básica, para con sólo esa lectura mental “improvisar”
el modo de expresarla.
Mire
por turno a distintos puntos de la sala.
B)
Para
mitigar el efecto de monotonía, apóyese en las pausas y en los cambios de tono
de voz.
C)
Evite
los términos técnicos y el lenguaje ampuloso.
Procure
evitar la repetición de los mismos vocablos en una frase.
El único inconveniente, el esfuerzo
inicial, el sacrificio, como lo llama, dejará de notarlo en pocas semanas. Es
como el cambio de marcha del coche: El conductor que espera sacar el carné está
pendiente de cada cambio; luego lo automatiza y no se da cuenta de cuándo hace
las modificaciones. Idéntico con las palabras.
D)
Igual
que le puede borrar una idea de la mente al hablar sin papeles, en ocasiones al
leer nos perdemos. No reconocemos el punto donde estábamos y nos invade el
pánico. El truco consiste en tener muy destacados –Con subrayado en rojo o con
marcadores de colorines— el inicio de cada idea básica.
(Pasaríamos
a la idea siguiente como si nada hubiese ocurrido. Muy pocos oyentes se
percatarán).
E)
Mecanografiar
el texto a doble espacio. La separación de líneas le facilitará la lectura y la
inclusión de subrayados. Si se ha perdido agudeza visual utilice las mayúsculas
para todo el texto.
F)
Marcar
en el texto, con toda claridad y con un color distinto del de la iniciación de
ideas, los lugares de las pausas y de los cambios de énfasis o tonalidad. En
qué puntos debemos ir más despacio o podemos acelerar. Desde la mitad del
discurso iluminar con un marcador los párrafos secundarios que, si nos vemos
precisados a abreviar por falta de tiempo, podemos suprimir sin mutilar la
esencia de nuestra intervención.
G)
Las
frases clave, o muy afortunadas, repítalas tal como las escribió y dígalas
despacio y con énfasis. Las obras de arte deben conservarse y tener una
presentación adecuada.
Tiene
enorme importancia de las pausas, del cambio de ritmo, del énfasis y de tono.
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DIAPOSITIVAS
Y VIDEOS.
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Podemos
apoyarnos en ilustraciones. El concepto tan repetido de que “vale más una buena
imagen que mil palabras” sigue vigente.
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A
nadie le divierte ya el contemplar diapositivas; en principio la idea resulta
tediosa.
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Jamás
hable de espalda al público, mientras señala algo en la pantalla.
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CAPITULO
VII
PREPARACIÓN DEL MENSAJE.
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Se
adiestró en portarse con naturalidad y en ser breve. Domina las inflexiones del
tono de voz, gestos, pausas, ritmo. Sabe cómo presentarse, mover el cuerpo y
las manos, utilizar la sonrisa y el funcionamiento del ceño; cuando hay que
interrumpir el discurso, etc. Tiene la infraestructura de la oratoria
preparada.
Le va a ser muy útil con una
condición: Que elija bien lo que tiene que decir.
Las obras de teatro clásicas tienen
tres actos para desarrollar las tres fases: Presentación, nudo y desenlace.
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El
“desenlace” explica el resultado final, y obtiene conclusiones.
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MENSAJES
COMERCIALES BREVES.
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DISCURSOS
POLÍTICOS BREVES.
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La
brevedad es la mejor arma para el triunfo, una forma excelente de destacar
sobre los demás; de modo particular si en la misma sesión hablan varias
personas.
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OTRAS
INTERVENCIONES BREVES, PRESENTACIONES, BRINDIS.
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Ocurra
lo que ocurra nunca dejo que la sesión completa rebase una hora.
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CLASES,
CONFERENCIAS, DIDÁCTICA EN GENERAL.
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A)
Iniciación llamativa para despertar interés, una breve exposición general de la
esencia de su disertación; B) Desarrollo, que será fácil, ya que va a hablar de
un tema que conoce mucho mejor que los oyentes. Hacerlo de forma ordenada, repartir
el tiempo en relación con la importancia o el atractivo de cada sector de la disertación.
C) Remate final con resumen de lo explicado, y una frase ingeniosa o simplemente
cortés de despedida.
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La
conferencia en realidad es una clase con pretensiones.
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Si
dos o tres personas se ponen a hablar, con intensidad de voz y duración que realmente
molestan, pare, mírelos un rato en silencio. Suele bastar, pero si no es así dígale
directamente en un tono muy cortés, como si de verdad lo pensase: “Me parece que
tienen algo importante que comunicar a los asistentes, háganlo, por favor.
Por lo general se callan y se gana en
el favor y la atención del resto del público. (…) En ocasiones abandonan la sala.
Cuantos menos estorbos, mejor.
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UN
ÚLTIMO Y SABIO CONSEJO.
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“Si
ves que ellos mueven los traseros en los bancos, es que tú no estás moviendo los
corazones”.
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En
cualquier circunstancia, con tal de que estemos alerta a la movilidad en los asientos
desde los primeros minutos.
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